domingo, octubre 30, 2005

VENENO VERONÉS


(usuario anónimo)

El sol abandona mortecino el sueño del hombre incompleto, se escurre fugitivo entre brumas, aletargado abandona un cuerpo vacío, su calor morirá en celda sin amparo. En lontananza crepita silenciosa y olvidada la persistente cresta de la esperanza, al otro lado el mundo se ahoga en un baile de carne, los rostros de la memoria se arrastran aterrados por la senda del horror arañando la tierra, mordiendo el polvo.

En los albores de la inminente oscuridad, las brumas del dolor se funden errantes en vapores que emergen de cementerios de pasión, el paraíso que se tornó yerma. En los confines del desamparo florece la sinceridad de su naturaleza indòmita, historias deformadas alteran la esencia de su existencia marchita. El filo del mutilante recuerdo se abre paso sobre un manto de cordura pisoteada. Un tenebroso pasadizo se extiende cuajado de risas que se tornan diabòlicas apuntando hacia el orígen de su desazón.
Lùgubres viscosidades cerebrales vibran estremecidas por la estridencia que provoca el rumor del recuerdo, de la mirada compasiva de la mujer equivocada. Turbulencias cósmicas torturan el alma en la ingravidez del subconsciente. Sustancia narcótica fluye de forma incontrolable sobre la melodía fúnebre y sin temperatura de la cruda soledad. " Lejos queda tu sonrisa refulgiendo a orillas del Adigio, entre puentes medievales y palacios renacentistas, en la ciudad paraíso, construida para ser contemplada.

Matisse.

sábado, octubre 29, 2005

(de Lugar de la derrota, 2003)

Porque los ojos los ensucia el tiempo
apenas reconoces la luz
de la mañana. Pero a tu puerta insiste
la terca claridad.

Como perro
que sabe

que lo que fuera amor
no entiende olvido.

(Ada salas)

VOCES DE AGOSTO











(Carlos Navarro)

Viajaron en una vespa alquilada
por la costa de Tarifa;
cuando se perdían
al calor de una manta se encontraban.

En Burdeos,
él se abrazaba a las avenidas, decía
que todo cambia si se mira
hacia arriba; ella prefería los Cafés, su
aroma añil la liberaba.

Bajó hasta Córdoba, con falda blanca
y en el puño
kilómetros de impaciencia.

Halló las cenizas de un verso, y siguió
el rastro de letras,
hasta dar con él y su poema.

Soñó con aquella casa de Cádiz una vez, y
la lengua de una promesa se perfiló. Sobrevivían
entonces al límite uno del otro,
hasta la noche. Al cobijo de una sábana,
el uno al otro se bastaban.

Ella le pidió que se escribieran
cuando hablaron de eso
y de estrellas en su último verano;
la voz de un amor
que en agosto marchó.

Todavía,
cuando el viento la golpea
paseando en una ciudad nueva, puede
verlo rasgado entre penumbras, y olvida
que inventó la dirección, cauta,
o temerosa.

viernes, octubre 28, 2005

LA AZOTEA (Carlos Navarro)

Resuenan esta noche los ecos grises de una azotea.

Reflejo y soledad, te besé el párpado
para bordar una imagen, esconder
entre tuberías la despedida.

Decolgamos así un instante, y aún
sigue oculto; habita el aire
que desprenden los sueños.

Tal vez podría olvidarme de lo poco de las horas,
su pérdida, pero vivo todavía
allí, escuecen picaduras
y ondea, a lo lejos, un toldo.

A veces actúo así, me traiciono y en secreto, volvemos a hablar en la baranda.

Si jamás me hubieses acariciado,
si tu mirada se explicase.

Y a nuestra azotea, cómplice único,
esperanza que aletea y nunca cesa, subo
y sigues resistiéndote a caer dormida.

Vuelves a imaginar fantasmas, convences
a una estrella
que danza por nosotros.

Te amé en silencio.

Las palabras, como las heridas, ignoran
quiénes fuimos.

jueves, octubre 27, 2005

UNA EXPERIENCIA EXTRAÑA (César Simón)

Cuando quiero vivir
una experiencia extraña
miro esa foto donde me sonríes.
es una escarpadura
en la cumbre del año.
Lo que se extiende desde allí recibe
el nombre de belleza: mar y viento.
como asomado a un vértigo,
¿qué misterio se cumple, tiempo muerto
que vive, donde queda
como el alcance de mi mano
tu misma mano,
como al alcance de mis labios
tu boca inaccesible?

CAMISETAS (Luis Muñoz)

Se cambiaron la ropa entre los dos
en los primeros días.

La camiseta negra con los dioses aztecas
recuerdo de un museo,
por el jersey fino de pico
de listas amarillas veteadas de azules.

el polo añil gastado de hacía cinco años,
por el blanco de seda, como alado y de puntos
de cuello blando y grande.

era como un abrazo ceñido y vaporoso.
Acostumbrar tu piel al tacto de la suya,
imponerlo al salir como una caricia.

Si se encontraban solos en citas agridulces
con antiguos amantes,
la dulzura del otr soplaba en el tejido.
Si se encontraban lejos como una sombra débil
al borde de las sombras,
el otro aparecía como una fortaleza.

Era la confirmación que siempre les faltaba,
el toque permanente de laerta en sus afectos.
Y, eso sí, no escucharon que nadie les dijera:
los hilos de la tarde se cosen sin la tarde.