sábado, octubre 29, 2005

VOCES DE AGOSTO











(Carlos Navarro)

Viajaron en una vespa alquilada
por la costa de Tarifa;
cuando se perdían
al calor de una manta se encontraban.

En Burdeos,
él se abrazaba a las avenidas, decía
que todo cambia si se mira
hacia arriba; ella prefería los Cafés, su
aroma añil la liberaba.

Bajó hasta Córdoba, con falda blanca
y en el puño
kilómetros de impaciencia.

Halló las cenizas de un verso, y siguió
el rastro de letras,
hasta dar con él y su poema.

Soñó con aquella casa de Cádiz una vez, y
la lengua de una promesa se perfiló. Sobrevivían
entonces al límite uno del otro,
hasta la noche. Al cobijo de una sábana,
el uno al otro se bastaban.

Ella le pidió que se escribieran
cuando hablaron de eso
y de estrellas en su último verano;
la voz de un amor
que en agosto marchó.

Todavía,
cuando el viento la golpea
paseando en una ciudad nueva, puede
verlo rasgado entre penumbras, y olvida
que inventó la dirección, cauta,
o temerosa.