miércoles, noviembre 30, 2005


(Carlos Navarro, Septiembre 2005)

Contemplar un proceso inevitable cautiva
los sentidos, como una mano entre flecos de seda.

(Te traje hasta aquí
del brazo. Esplendor y deseo en los primeros
días. Al poco, sólo unos niños
apedreaban con nueve años de saña)

Letras de humo
improvisan ahora mensajes, y
el aire se queda sin palabras.

Centenares de huéspedes vitorean. Donde
hubo jardín hay huellas
insolentes. Son huecos como ojos.

De repente
vierten olvido y desechos, saquean, puños
en alto sobre el pulso de estas ruinas
que una vez fueron alma.

Vuelves tu mirada plomiza; soy lo poco que has dejado.

Acaba conmigo.

Me basta así

(Ángel González)

Si yo fuese Dios
y tuviese el secreto,
haría
un ser exacto a ti;
lo probaría
(a la madera de los panaderos
cuando prueban el pan, es decir:
con la boca),
y si ese sabor fuese
igual al tuyo, o sea
tu mismo olor, y tu manera
de sonreír,
y de guardar silencio,
y de estrechar mi mano estrictamente,
y de besarnos sin hacernos daño
Ñde esto sí estoy seguro: pongo
tanta atención cuando te besoÑ;
entonces,
si yo fuese Dios,
podría repetirte y repetirte,
siempre la misma y siempre diferente,
sin cansarme jamás del juego idéntico,
sin desdeñar tampoco la que fuiste
por la que ibas a ser dentro de nada;
ya no sé si me explico, pero quiero
aclarar que si yo fuese
Dios, haría
lo posible por ser Ángel González
para quererte tal como te quiero,
para aguardar con calma
a que te crees tú misma cada día,
a que sorprendas todas las mañanas
la luz recién nacida con tu propia
luz, y corras
la cortina impalpable que separa
el sueño de la vida,
resucitándome con tu palabra,
Lázaro alegre,
yo,
mojado todavía
de sombras y pereza,
sorprendido y absorto
en la contemplación de todo aquello
que, en unión de mí mismo,
recuperas y salvas, mueves, dejas
abandonado cuando -luego- callas...
(Escucho tu silencio.
Oigo
constelaciones: existes.
Creo en ti.
Eres.
Me basta.)

viernes, noviembre 25, 2005

(Carlos Navarro. De "Añoranzas")

(...)Esconde la comisura de tus labios el rumor
de tu risa ingrávida, siempre desdeñosa del aire
y acompasada por la piel entre tropical
e hindú del rostro, pacto secreto del alma;
ríes hacia el cielo, a veces
contenida o sólo mueca iniciada,
una encrucijada,
elogio para quienes comparecen
a su destello como arte único y espontáneo. (...)

jueves, noviembre 24, 2005


(Rosa Montero 'La hija del caníbal')

El Cielo, si es que existe debería ser un instante de sexo congelado.
Hablo de sexo con amor, del apasionado encuentro con el otro.
Si el sexo fuera una cuestión puramente carnal, no necesitaríamos a nadie; quién nos iba a atender mejor en nuestras necesidades que nuestra propia mano, quién nos iba a conocer y querer más que esos cinco deditos aplicados. Si el organismo no nos es suficiente es porque el sexo es otra cosa.
Es salir de ti mismo.
Es detener el tiempo.
El sexo es un acto sobrehumano, la única ocasión en que vencemos a la muerte. Fundidos con el otro y con el todo, somos por un instante eternos y infinitos, polvo de estrellas y pata de conejo, magma incandescente y gramo de azúcar.
El Cielo, si es que existe, solo puede ser eso.

(Texto facilitado por el usuario: Maripi)

martes, noviembre 22, 2005

Playas de la memoria


(Martín López-Vega)

Una playa de Bretaña que ya no tiene nombre
una mañana de julio creo que del 92
y la voz sonriente de Anne Christine
y aquel poema que habla de dos cuerpos desnudos

Pocos meses antes la playa de Alassio
una noche invernal cuando el adolescente
que yo era comprendió que estaría siempre solo

La playa de Póo en las tardes de la infancia
y el día que llegaron de más allá del horizonte barcos
trayendo a bordo un milenario ejército de fantasmas

La playa de Candás los dos un poco bebidos
como si lleváramos años esperándonos

La playa junto al lago de Estrasburgo
con un té árabe y tus labios que son ceniza
Una playa que desconozcoen la que Loleh
le tiende la mano, por fin, a un fantasma

La playa de Baiona con whisky
todos juntos escondidos, entre las rocas,
de la muerte, que siempre acecha

No hay lugares de los que uno se vaya para siempre
y la mano de tiempo hoy lanza
toda esa arena hacia mis ojos.

Hagamos un trato

(Mario Benedetti)

Compañera
usted sabe
que puede contar
conmigo
no hasta dos
o hasta diez
sino contar
conmigo

si alguna vez
advierte
que la miro a los ojos
y una veta de amor
reconoce en los míos
no alerte los fusiles
ni piense qué delirio
a pesar de la veta
o tal vez porque existe
usted puede contar conmigo

si otras veces
me encuentra
huraño sin motivo
no piense qué flojera
igual puede contar
conmigo

pero hagamos un trato
yo quiesiera contar
con usted
es tan lindo
saber que usted existe
uno se siente vivo
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos
aunque sea hasta cinco
no ya para que acuda
presurosa en mi auxilio
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe que puede
contar conmigo.


Hagamos un trato

jueves, noviembre 17, 2005

(Ada Salas, de La Sed)

No sabe del dolor la piedra que golpea. No la estremece el grito
ni acaricia la mano que la lanza. Obedece a su peso
y al deseo del aire.

Mineral
es mi voz.

Hambriento corazón qué puedo darte.



Ada Salas

PIiedras



(Carlos Navarro. Julio 2005)

Exhumaban su pasado de lentitud y vergüenza, entregándose,
quienes vieron, inédita, cómo rayabas,
cómo vencías
con tu boca el horizonte.

Porque en nuestras noches siempre amanece.

(Nómada de cuerpos, hendiste en mi pecho
tu sable de arena como un héroe)

Ahora sé que tus promesas
no eran más
que preguntas cautivas.

Desconozco el origen de las piedras
pulidas de historia y viento, pero elegí
a la hija de Saturno, y tú
me regalaste una joya nebulosa.

De la invención y la sal viniste
para cristalizar de asombro
y de deseo todas las playas,
con el único gesto
de tus pies alcanzando la orilla.

Incrédula
te volviste hacia mí.
Jamás habías visto tu propia sangre.

Creédme si os digo
que se detuvo entonces, mortal,
a caer rendida de amor
y sin respuestas.

martes, noviembre 15, 2005

número seis

(Pablo García Casado)

me besa me desnuda hace de mí lo que quiere
estoy borracha todo me da vueltas tengo que ir
al baño dos veces para no vomitarle encima

se marcha temprano a toda prisa no hay despedida
nota justificativa o teléfono de contacto sólo dudas
todos los hombres son príncipes a las cinco de la mañana

todas las putas son tú cuando despiertas y no hay nadie
(Julio Torri)

Mas no me hice amarrar al mástil cuando divisamos la isla
de las sirenas, porque iba resuelto a perderme.
(Avelio Gómez Guzmán)

Invita al silencio
y protege las ventanas de tu casa.

apaga la luz y no duermas.

Allá afuera la noche viene murmurando
una canción que recordarás por siempre.

Esto es el huracán.

Escucha cómo el viento pasa su lengua
sobre la piel del océano.

Mira el mar cómo se levanta y gime:
Ahora es una mujer enfurecida.

domingo, noviembre 13, 2005

Regreso al cerco


(Carlos Navarro. Agosto 2005)

Reconozco el lugar en el que nunca estuve.

Vuelves, describes sin asombro lo
que hiciste conmigo después
de bailarte desnudo en una fotografía.

(Pienso
en espejismos, ilusión confusa)

Recogen su memorándum de tejidos, donde la juventud
de cuerdas señala
futuras víctimas, y una oscura
soga se aproxima.

Un dejà vu ha mordido el dorso de la escena; sale del
cerco tu cuello con vocación
de huida. La emboscada se repite.

Allí donde lo esperado se cumple olvidamos que
hubo huellas al otro lado de la espalda.

Como si regresara algo que jamás marchó.

miércoles, noviembre 09, 2005

De cómo abandonar tus sábanas


(Andrés Newman)

Asoma entre las mantas, plegado, un pañuelo.
Enjuga los silencios que respira la noche.

En la alfombra recae un momento de harina,
después otro. Persiste ardiendo el pergamino
tras el cristal del sueño.

Una pompa -helándose-
estalla sobre el hombro desnudo como un fruto
del invierno, apenas un púrpura chasquido.

Devuelvo la mirada y duermes todavía.
Adiós, amor, que el alba se abrigue con tus muslos.

domingo, noviembre 06, 2005

Prescindibles

Dicen que no somos indispensables para nadie, no de absoluta necesidad, ni quien es guía o mentor o conoce cualquier respuesta y mantiene la calma, y nos la otorga por tanto frente a crisis nerviosas o un riesgo inminente. Tuve un amigo, casi fraterno, con el que junté mis muñecas ensangrentadas para.. (leer texto completo).

sábado, noviembre 05, 2005

LA ESPERA

(Carlos Navarro)

Puedo acercarme tanto a ti.

Palabras que rompen un margen,
cómo desgarras todo pudor, y
la metáfora escondida, asomándose.

Temblor de líneas,
amanece en tus pechos una tregua, y
hojas que se suceden.

Hoy tampoco llamas.

miércoles, noviembre 02, 2005

(Lola Lucea)

Dices adiós pero no te vas. Y
sin avisar vuelves… ¿Qué
esperas que haga?

A mi lado tantas y tantas veces.Pero
realmente tu mirada se perdía
en el polo. Y yo la buscaba…

Y todavía la busco. Sin pedirlo
me sonríes y es como si volvieras… todo
vuelve a brillar. Aunque sin saber cómo
la noche llega y vuelvo a soñar sola. Y las estrellas
me ayudan a volar hasta donde tú
y yo nos comprendíamos… a solas…
te echaré de menos…

Embrujo de mil segundos.

Que todavía
siento en cada rincón que en aquellos
días recorrías con lluvia de besos. Tempestad
al volver a verte y recelo al olvido. ¡Vuelve! ...

¿Aunque para qué?

Te untaré con mi mirada. Sólo déjate llevar
y todo volverá a ser como siempre. ¡Basta ya! Dejemos
de intentar lo imposible. Lo sé…
no hace falta que me expliques lo inexplicable. Enigma
sobre sentimientos mutuos. Trazos
sobre el descuido de la fábula... inflijo tus besosdonde habita el olvido…

CASTABULE Y EL LIBRO DE NINFAS


(Don Quijote de la Mancha)

(...) Mas yo me tengo la culpa de todo, que no avisé a vuestras mercedes de los disparates de mi señor tío, para que los remediaran antes de llegar a lo que ha llegado, y quemaran todos estos descomulgados libros, que tiene muchos que bien merecen ser abrasados, como si fuesen de herejes.


-Esto digo yo también –dijo el cura-, y a fe que no se pase el día de mañana sin que de ellos no se haga acto público, y sean condenados al fuego, porque no den ocasión a quien los leyere de hacer lo que mi buen amigo debe de haber hecho. (...)

(...) Llegó a la cima de la montaña, que era toda un lago humeante con cinco sirenas apostadas en las orillas. Las cinco sonreían y le guiñaban el ojo. Se adentró en el agua satisfecho, pero sus pies tropezaron con algo. Bajó la mirada y vio a la sexta sirena. Estaba morada e hinchada, enredada en una mortaja de algas resbaladizas. Castabule mudó su sonrisa en una mueca de espanto.

Las cinco sirenas rieron más, para luego sumergirse lentamente en su propio reflejo y desaparecer. La sirena muerta fue subiendo por las piernas de Castabule, y conforme salió a la superficie, fue transformándose en una beldad de rizos de henna y ojos esmeralda. Le hizo el amor y luego se despidió. (..)

(Texto ofrecido por Alex Fenollar y Maripí Antorán)


(De Mujer rehén, de Carlos Navarro)
(...) Sobre el parquet las copas y el vino dulce, tan saboreado minutos atrás, habían soportado incólumes carcajadas y el tenso devenir del beso cautivo excesivamente huidizo.
Decidida o incómoda, ante los fantasmas comparecientes que a veces le hacían compañía y los actores atrapados que nada saben de la casualidad oblicua que concede y empuja y por tanto permite el arrojo, había descolgado el auricular y me invitó. Raída de ansiedad, su boca atraviesa la oscuridad. (...)

El lugar del crimen

(Luis García Montero)

Más allá de la sombra
te delatan tus ojos,
y te adivino tersa,
como un mapa extendido
de asombro y de deseo.
Date por muerta
amor,
esto es un atraco.
Tus labios o la vida.