miércoles, noviembre 02, 2005


(De Mujer rehén, de Carlos Navarro)
(...) Sobre el parquet las copas y el vino dulce, tan saboreado minutos atrás, habían soportado incólumes carcajadas y el tenso devenir del beso cautivo excesivamente huidizo.
Decidida o incómoda, ante los fantasmas comparecientes que a veces le hacían compañía y los actores atrapados que nada saben de la casualidad oblicua que concede y empuja y por tanto permite el arrojo, había descolgado el auricular y me invitó. Raída de ansiedad, su boca atraviesa la oscuridad. (...)