jueves, noviembre 17, 2005

PIiedras



(Carlos Navarro. Julio 2005)

Exhumaban su pasado de lentitud y vergüenza, entregándose,
quienes vieron, inédita, cómo rayabas,
cómo vencías
con tu boca el horizonte.

Porque en nuestras noches siempre amanece.

(Nómada de cuerpos, hendiste en mi pecho
tu sable de arena como un héroe)

Ahora sé que tus promesas
no eran más
que preguntas cautivas.

Desconozco el origen de las piedras
pulidas de historia y viento, pero elegí
a la hija de Saturno, y tú
me regalaste una joya nebulosa.

De la invención y la sal viniste
para cristalizar de asombro
y de deseo todas las playas,
con el único gesto
de tus pies alcanzando la orilla.

Incrédula
te volviste hacia mí.
Jamás habías visto tu propia sangre.

Creédme si os digo
que se detuvo entonces, mortal,
a caer rendida de amor
y sin respuestas.

1 comments:

Anonymous VERO dijo...

Es precioso el poema. Me encantaría escribir así. Seguiré leyendo...

14:58  

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