martes, noviembre 22, 2005

Playas de la memoria


(Martín López-Vega)

Una playa de Bretaña que ya no tiene nombre
una mañana de julio creo que del 92
y la voz sonriente de Anne Christine
y aquel poema que habla de dos cuerpos desnudos

Pocos meses antes la playa de Alassio
una noche invernal cuando el adolescente
que yo era comprendió que estaría siempre solo

La playa de Póo en las tardes de la infancia
y el día que llegaron de más allá del horizonte barcos
trayendo a bordo un milenario ejército de fantasmas

La playa de Candás los dos un poco bebidos
como si lleváramos años esperándonos

La playa junto al lago de Estrasburgo
con un té árabe y tus labios que son ceniza
Una playa que desconozcoen la que Loleh
le tiende la mano, por fin, a un fantasma

La playa de Baiona con whisky
todos juntos escondidos, entre las rocas,
de la muerte, que siempre acecha

No hay lugares de los que uno se vaya para siempre
y la mano de tiempo hoy lanza
toda esa arena hacia mis ojos.

1 comments:

Anonymous Maripi dijo...

(Texto para colgar)

El Cielo, si es que existe debería ser un instante de sexo congelado.

Hablo de sexo con amor, del apasionado encuentro con el otro.

Si el sexo fuera una cuestión puramente carnal, no necesitaríamos a nadie; quién nos iba a atender mejor en nuestras necesidades que nuestra propia mano, quién nos iba a conocer y querer más que esos cinco deditos aplicados. Si el organismo no nos es suficiente es porque el sexo es otra cosa.

Es salir de ti mismo.

Es detener el tiempo.

El sexo es un acto sobrehumano, la única ocasión en que vencemos a la muerte. Fundidos con el otro y con el todo, somos por un instante eternos y infinitos, polvo de estrellas y pata de conejo, magma incandescente y gramo de azúcar.

El Cielo, si es que existe, solo puede ser eso.

Rosa Montero 'La hija del caníbal'

14:10  

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