jueves, noviembre 24, 2005


(Rosa Montero 'La hija del caníbal')

El Cielo, si es que existe debería ser un instante de sexo congelado.
Hablo de sexo con amor, del apasionado encuentro con el otro.
Si el sexo fuera una cuestión puramente carnal, no necesitaríamos a nadie; quién nos iba a atender mejor en nuestras necesidades que nuestra propia mano, quién nos iba a conocer y querer más que esos cinco deditos aplicados. Si el organismo no nos es suficiente es porque el sexo es otra cosa.
Es salir de ti mismo.
Es detener el tiempo.
El sexo es un acto sobrehumano, la única ocasión en que vencemos a la muerte. Fundidos con el otro y con el todo, somos por un instante eternos y infinitos, polvo de estrellas y pata de conejo, magma incandescente y gramo de azúcar.
El Cielo, si es que existe, solo puede ser eso.

(Texto facilitado por el usuario: Maripi)