miércoles, diciembre 14, 2005

Pido perdón por repetir autor en tan pocos días. Pero a media tarde, mientras la acidez de esta tarde reposaba en la piel, topé con este poema. ¿Cómo puede un poema ser tan cálido y penetrante?

(Carlos Pardo. La sentencia)

Y cayó como piedra la palabra
sobre mi pecho vivo.
Y no importa,
me había preparado,
me las apañaré.

Tengo trabajo:
hay que sacrificar la memoria,
hay que petrificar el alma,
hay que aprender
cómo vivir de nuevo.

Si no... El cálido susurro del verano,
su fiesta más allá de mi ventana.
Presentí, hace tiempo,
este día tan claro y la casa desierta.