lunes, enero 30, 2006

(Carlos Navarro. Septiembre 2005)

Contemplar un proceso inevitable cautiva
los sentidos, como una mano entre flecos de seda.

(Te traje hasta aquí
del brazo. Esplendor y deseo en los primeros
días. Al poco, sólo unos niños
apedreaban con nueve años de saña)

Letras de humo
improvisan ahora mensajes, y
el aire se queda sin palabras.

Centenares de huéspedes vitorean. Donde
hubo jardín hay huellas
insolentes. Son huecos como ojos.

De repente
vierten olvido y desechos, saquean, puños
en alto sobre el pulso de estas ruinas
que una vez fueron alma.

Vuelves tu mirada plomiza; soy lo poco que has dejado.

Acaba conmigo.