viernes, abril 28, 2006

Educando sin educar

(Un pequeño giro. Un reportaje acerca de la educación en España. Tiempo estimado de lectura 9 minutos)
El sistema educativo de la escuela de Barbiana como horizonte pedagógico

Cuando Luis no comprende algo en clase, un compañero se acerca y se lo explica. Realizan trabajos artísticos y manuales. Algunos sólo tienen once años. Observan la naturaleza, conocen perfectamente su lengua y emplean la prensa como materia prima en los contenidos pedagógicos. Lo hacen doce horas diarias, trescientos sesenta y cinco días al año. Se cuestiona la procedencia de los libros de texto, la carga ideológica e interesada que resguardan sus páginas.
Enérgicos en su formación y su aprendizaje, estos niños adquieren un sentido crítico de la realidad que les rodea, aprenden a distinguir entre oprimidos y opresores sin la influencia de ningún partido político. Aunque sobre todo aprenden algo aparentemente sencillo como es convivir, y también aprender a aprender, dos heridas en las que la UNESCO mete los dedos.
Si buscáramos algo así en nuestras aulas, no lo encontraríamos. Sin embargo esta escuela no es una utopía o una invención gracias al sacerdote Don Lorenzo Milani y la escuela de Barbiana que él mismo creó e impulsó a mediados del siglo XX en Italia.
Los alumnos viven en una precariedad educacional (LOGSE, LOCE, ESO) dentro de una sociedad que cambia a gran velocidad, y donde todos cuestionan qué debe enseñarse. El origen de la educación obligatoria como ya explicó Juan Delval lo encontramos en la necesidad de seguir un mismo patrón, en la preparación previa a la formación profesional, el mantenimiento necesario de un sistema social perfectamente estructurado, y que debe perpetuarse para su propia subsistencia. Nada tiene que ver esto con lo que proponía el rector de la Universidad Oberta de Cataluña, Gabriel Ferraté, de la necesidad de aprender a razonar, de analizar y contextualizar como elemento esencial de la educación. Valores desvalorizados hoy día, pues no entran en estadísticas, quedan fuera de la dicotomía dominante del éxito y el fracaso, no te hacen famoso ni rico.
Se premia por el contrario el pragmatismo de la enseñanza, la productividad y aquel dicho popular de tanto tienes, tanto vales. Lo que no sirva para hacer dinero queda fuera del interés de la mayoría. ¿Para qué sirve entonces una obra de Francisco Umbral, o el pensamiento de Kant?
Jesús Ibáñez como tantos otros nos advierte de la relevancia que ha adquirido el conocimiento de fechas, nombres y datos. Cautivos del presentismo, los jóvenes que se van sumando al mundo sólo conocen lo que les enseñan en el colegio, y con un poco de suerte un libro de historia caerá en sus manos algún día. Engullen esos datos concretros y neutros, y parece que basta para catalogar a alguien de culto, e incluso de inteligente. Si comprenden o saben contextualizar, analizar o criticar esa información no resulta importante.
Los alumnos que estudiaron con Lorenzo Milani se habían salido de la línea recta impuesta, se formaban como personas antes que como máquinas del engranaje capitalista. Pensaban por sí mismos; de hecho, muchos de ellos terminaron trabajando en Sindicatos. Su aplicación en las escuelas actuales resulta inviable. Ningún gobierno hoy día caería en la extraña paradoja de promover un sistema educativo germen de sindicalistas. En Barbiana se enseñaba de una manera que dependía del sistema de valores de Lorenzo Milani, de su talento y su carácter. El número de horas lectivas era excesivo, y no seguían un programa, por lo que no podría popularizarse su metodología. Fue válido para ese momento concreto, y para esos niños concretos.
Sin embargo, y a pesar de todo ello, esos niños eran capaces de elegir, de disentir o admitir errores, con un sentimiento de convivencia muy arraigado, y disfrutaban aprendiendo. Algo tenían que, ahora, tantos años después, nos falta.
La complejidad del problema indica que no existe ninguna fórmula mágica. Quizá parte de ella esté en esos delgados brazos de los alumnos de Don Lorenzo Milani que se alzaban educadamente en clase para preguntar cualquier duda, niños ávidos por participar, sin callarse ante nadie, niños que cuestionaban lo que aprendían, que pensaban y razonaban por sí solos y criticaban lo que no les parecía justo. Tal vez habría que preguntarle a esos niños qué estamos haciendo mal.

Carlos Navarro

2 comments:

Blogger Altearte dijo...

Gracias por los comentarios que has dejado en nuestro blog. No dejas de sorprender al prójimo. Tienes un don, no lo dejes en la sombra.
Un beso
Marga

10:48  
Anonymous Anónimo dijo...

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19:46  

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