miércoles, abril 26, 2006

(Ya regresé de Croacia, Eslovencia, Francia e Italia. A flor de piel, aquí os dejo un texto de Andrés Neuman, de la obra La vida en las ventanas. Tiempos estimado de lectura, 5 minutos)

Al principio del amor, ya lo sabes, no es posible admitir la idea de arrastrarse. Los dos se dicen con los ojos encendidos: ahora somos felices; y si en algún tiempo próximo o lejano las cosas ya no fueran tan hermosas, entonces nos separaríamos sin sufrimientos inútiles. Y antes de besarse, se prometen un amor sincero mientras dure. Un amor perfecto, precisamente porque aspira a ser eterno.

Lo terrible, entonces, sucede con los otros, los que sí conocen la fugacidad de la pasión y por lo tanto se suponen a salvo. Cuando deje de ser tan hermoso, cuando tus ojos ya no enciendan los míos, cuando tu boca no me llame a la locura, entonces… Y pronto la pasión va tejiendo sutiles telarañas, al principio invisibles, en el techo. Ambos siguen alimentando el mismo fuego -acaso casi el mismo- y todavía no lo advierten. En cuanto tus olores no me embriaguen, en cuanto tu voz suave por teléfono… Pequeñas provisiones para las arañas.

Y llega, por fin, ese día que los amantes habían imaginado sin temerlo realmente, y ambos se contemplan y el silencio es difícil, y en los ojos no hay nada, y el deseo se ha ahogado. ¿Se alejan con cautela? Imposible: las telarañas han bloqueado la salida. Empiezan los maquillajes, las revisiones. Bueno, sí, hemos declinado; pero ¿cómo pretender que la pasión se mantenga intacta? ¿acaso no son aún más importantes la confianza mutua, los aprendizajes, los recuerdos compartidos? Y es así como comienzan no sólo a acostumbrarse –acostumbrarse puede ser hermoso- sino, sobre todo, a no esperar demasiado de ellos mismo. Sorprenderse deja de ser el lema, y los días echan a correr. El cepo ha actuado.

Al principio del amor nadie está dispuesto a arrastrarse; al final del amor, siempre estamos dispuestos a arrastrarnos un poco más. Tampoco cabe la urbanidad cuando se trata de alejarse: es siempre una batalla. El problema es que a veces los amantes ni siquiera desertan de una misma batalla. ¿Pero cuál es la mía? No lo sé, no lo sé.

La de la telaraña.

1 comments:

Anonymous Anónimo dijo...

I say briefly: Best! Useful information. Good job guys.
»

19:46  

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